De San Cristóbal a Bruselas
Nuestro recorrido con los Derechos de la Naturaleza
Hay preguntas que, una vez formuladas, ya no se pueden desoír: «¿por qué las empresas pueden defenderse a sí mismas frente a un tribunal y la Naturaleza no?» La primera vez que nos las planteamos fue en la Casa de San Cristóbal en 2023. Nos la lanzó la jurista que había conseguido que el Mar Menor dejara de ser un objeto para convertirse en sujeto. Desde entonces no hemos dejado de buscar respuestas, y esa búsqueda nos ha llevado de Villaverde a Nueva York, del cauce del Manzanares a una iniciativa que aspira a transformar el derecho europeo.
En este texto repasamos ese recorrido y explicamos por qué, para nosotras, los Derechos de la Naturaleza no son solo una teoría jurídica, sino una forma de habitar el territorio.
Por qué los Derechos de la Naturaleza
Los derechos de la naturaleza son una realidad desde que en 2008 Ecuador los incorporó a su Constitución, y hoy existen más de 350 textos legales en el mundo que reconocen derechos a ríos, montañas, lagunas o bosques. España fue el primer país europeo en dar ese paso con la Ley 19/2022, que otorgó personalidad jurídica al Mar Menor y su cuenca.
Detrás de esa ley está el pensamiento de Teresa Vicente, profesora de Filosofía del Derecho y directora de la Cátedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza de la Universidad de Murcia. En su libro «Justicia ecológica y Derechos de la Naturaleza» describe lo que ella llama «la revolución del siglo XXI»: un ecocentrismo crítico que concibe la naturaleza como un fin en sí misma, una nueva idea de justicia acorde con sus necesidades y una continuidad entre el orden natural y el orden humano.
En Redes por el Clima hacemos nuestra esa mirada y la conectamos con lo que hacemos cada día en los barrios. Promovemos los derechos de la naturaleza como modelo de vida donde el sujeto es agente de garantía del buen vivir del territorio: quien usa cuidando, quien encarna, defiende y transmite la defensa del espacio común. Tres ideas guían nuestro trabajo:
- Lo local como punto de partida. Acción y conocimientos situados.
- El diálogo entre saberes. Las respuestas a la crisis climática no pueden venir solo de la academia. Necesitamos incorporar los saberes populares y ancestrales y las distintas formas de conocimiento colectivo.
- Reconocimiento al Sur global. Hablar de acción climática en Europa exige reconocer y honrar el conjunto de saberes y prácticas avanzadas en justicia ecológica.
Este giro fue la consecuencia lógica de nuestro método. Los laboratorios ciudadanos nacieron para experimentar respuestas colectivas al cambio climático en los barrios. Pero cuanto más experimentábamos con el territorio, más evidente era que la crisis climática es, sobre todo, una crisis de relación. Vivimos profundamente desconectados del mundo natural lo que explica en gran parte las prácticas devastadoras contra él. Ailton Krenak lo explica en «Futuro ancestral» cuando describe las ciudades como una «prótesis» desconectada del cosmos y denuncia una «mentalidad de catacumba» que tapa con una losa de hormigón cualquier arroyo, como si el agua que corre fuera una vergüenza. Para él, la forma en que tratamos a los ríos revela un auténtico «colapso afectivo» ante los dones de la vida. Frente a ello propone escuchar a los ríos, reconocerse en ellos y entender que, si hay un futuro que imaginar, es ancestral, porque ya está presente. Krenak habla también de «alianzas afectivas»: vínculos entre mundos que no son iguales y que no necesitan serlo para cuidarse mutuamente. Eso es, en el fondo, lo que hace un laboratorio ciudadano: poner en relación saberes académicos, populares y ancestrales, vecinas, artistas, plantas y animales, sin reducirlos a una sola voz. Los Derechos de la Naturaleza dan forma jurídica a esa intuición. Si el laboratorio nos enseña que el río es un vecino más, los Derechos de la Naturaleza permiten que ese vecino tenga voz, representantes y garantías. Pasamos así de adaptarnos al clima a reconocer como sujetos a quienes lo sostienen.
2023: el Laboratorio de Re-Existencias Territoriales
Todo empezó en abril de 2023 con el Laboratorio de Re-Existencias Territoriales, un espacio de investigación y creación para jóvenes activistas e investigadoras que celebramos entre el 17 y el 22 de abril en la Casa de San Cristóbal (Villaverde), la asociación cultural La Parcería y el Museo Reina Sofía.
El laboratorio cruzó tres experiencias paradigmáticas de defensa del territorio: la Consulta Previa del Proceso de Comunidades Negras de Colombia, con Libia Grueso y Lavinia Fiori; la Cañada Real Galiana, con Houda Akrikez; y el Mar Menor, con Teresa Vicente, que compartió con nosotras la historia de la Iniciativa Legislativa Popular que había impulsado desde 2019 para dar derechos propios a la laguna.
Aquel encuentro del 20 de abril en San Cristóbal fue una semilla. Descubrimos que lo que hacíamos en el barrio, cuidar los espacios comunes y tejer comunidad frente al calor extremo y la degradación ambiental, tenía un marco jurídico y filosófico capaz de darle una dimensión nueva.
2024: hacia la Asamblea de la Tierra
La semilla germinó rápido. El 6 de marzo de 2024 organizamos en el Campus Centro de la Universidad Rey Juan Carlos el encuentro «Hacia la Asamblea de la Tierra», junto a la profesora Carmen Haro (URJC), el programa Armonía con la Naturaleza de Naciones Unidas, los proyectos Speak4Nature y Remuvic y la Casa de la Cultura Andina.
María Mercedes Sánchez, coordinadora del programa Armonía con la Naturaleza de la ONU desde 2009, y el economista y exrector de la Universidad Complutense Carlos Berzosa presentaron el libro de Teresa Vicente. Después, Teresa Vicente, la jurista argentina Valeria Berros y Carmen Haro debatieron en el conversatorio «Derechos de la Naturaleza: Revolución Ecosocial» sobre los movimientos sociales que han impulsado estas leyes en América Latina, Europa y España.
Aquella tarde, Teresa Vicente nos dejó una frase que desde entonces nos acompaña: «Cuando la explotada tiene derechos, es cuando se equilibra con quienes la destruyen. Si ahora la Naturaleza tiene los mismos derechos que esas compañías que explotan, va a haber más equilibrio. ¿Cómo se consigue esto? Con la declaración universal de los derechos de la naturaleza».
El encuentro de la URJC fue un engranaje más de una cadena de movilizaciones para que la ONU celebrara una Asamblea de la Tierra que reconociera los derechos de la naturaleza. Ese mismo año cruzamos el charco hasta Nueva York, acompañadas de Teresa Vicente y de otras activistas ambientales, para impulsar esa asamblea. No lo conseguimos entonces, pero las reacciones en cadena de los movimientos sociales conservan siempre un calor latente. Semanas después, Teresa Vicente recibía el Premio Goldman 2024, el llamado «Nobel del ecologismo», como primera mujer española galardonada.
2025: de nuevo en Naciones Unidas
El 22 de abril de 2025, Día Internacional de la Madre Tierra, nuestra coordinadora Carmen Haro volvió a Nueva York para participar en la reunión de alto nivel sobre la Armonía con la Naturaleza y el Buen Vivir, en la sede de la ONU.
Allí estuvo presente la delegación de la Asamblea de la Tierra España, formada por numerosas universidades del país y con el Mar Menor como uno de los grandes referentes internacionales. El objetivo compartido sigue siendo el mismo: abandonar la idea de una naturaleza infinita al servicio humano, integrar la Armonía con la Naturaleza en los debates políticos globales y avanzar hacia una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza.
El Manzanares, un río con voz
La escala global nos devolvió a la local con una pregunta: ¿y nuestro río? Madrid tiene un río que durante décadas fue canalizado, represado y tratado como una cloaca, y que en los últimos años ha recuperado vida gracias a la renaturalización impulsada por Ecologistas en Acción. Pero su tramo sur sigue sufriendo contaminación farmacológica y de residuos, abandono y una presión urbanística que amenaza toda su cuenca y su acuífero.
En abril de 2025, en el marco del festival BIOPHEST de Intermediae-Matadero, organizamos el paseo «Cuando el río habla». Las inscripciones se agotaron en menos de 24 horas y una actividad pensada para veinte personas reunió a casi cuarenta. A lo largo del recorrido celebramos un juicio polifónico y poético en el que la grama, las eneas, un castizo barbo, las carpas, una paloma bravía y una garza tomaron la palabra como partes afectadas. Al final, todas las personas asistentes leyeron en voz alta y firmaron un primer borrador de declaración de derechos del río.
Aquel gesto creció. El 15 de noviembre de 2025, en el foro «Compromiso por el Clima» de La Casa Encendida, promulgamos la Declaración de los Derechos del Río Manzanares y su Cuenca, un texto elaborado y validado por 30 representantes de organizaciones sociales, vecinales, investigadoras y artísticas, entre ellas Ecologistas en Acción, varias asociaciones vecinales, Madrid Acuosa, el CSIC, la UAM y la URJC. La jornada la inauguró y amadrinó Teresa Vicente, cerrando un círculo que había empezado dos años antes en San Cristóbal.
La Declaración se inspira en la ley del Mar Menor y en la sentencia 142/2024 del Tribunal Constitucional, que avala el paso de un enfoque antropocéntrico a uno ecocéntrico. Proclama que el Manzanares y su cuenca son sujetos de derechos: a existir, a fluir, a regenerarse, a mantener su biodiversidad y a estar libres de contaminación. Hoy figura en la base de datos internacional de iniciativas de ecojurisprudencia y forma parte de la red Confluence of European Water Bodies.
Conviene decirlo con claridad: se trata de una declaración ciudadana, no de una ley. Es un compromiso colectivo y una herramienta para cambiar la mirada sobre el río, y quizá algún día la semilla de una iniciativa legislativa popular que le otorgue personalidad jurídica.
La Asamblea de Guardianes del Manzanares
Una declaración necesita a alguien que la haga vivir. De ese proceso nació la Asamblea de Guardianes del río Manzanares, un espacio colectivo y plural, con más de 50 integrantes, que dinamizamos desde Redes por el Clima. Entendemos la guardianía como una práctica continua de escucha, observación, acción colectiva y responsabilidad ecológica. Su trabajo incluye asambleas públicas, iniciativas artísticas y pedagógicas, seguimiento ambiental, incidencia jurídica, paseos y rituales comunitarios junto al río.
La asamblea es también la respuesta práctica a una pregunta clave de los derechos de la naturaleza: si un río tiene derechos, ¿quién habla por él? Para nosotras, la respuesta son las comunidades que lo habitan, lo pasean y lo cuidan.
2026: ahora es el turno de Europa
El último paso de este camino tiene escala continental. El 19 de mayo de 2026, la Comisión Europea registró la iniciativa ciudadana europea «Rights for Nature: Empower Citizens to Represent and Protect Ecosystems», impulsada por organizaciones de catorce países. Pide una directiva europea que reconozca a los ecosistemas como entidades jurídicas con derecho a existir, a regenerarse y a ser defendidos ante los tribunales, y que permita a la ciudadanía actuar como su representante legal.
La recogida de firmas se abrió el 13 de octubre de 2026 y dura un año. Si se alcanza un millón de firmas en al menos siete Estados miembros, la Comisión estará obligada a responder y a justificar qué medidas adopta. No supone la aprobación automática de una ley, pero sí abre una puerta democrática que hasta ahora no existía.
Desde Redes por el Clima apoyamos esta iniciativa porque recoge todo lo que hemos aprendido: que el Mar Menor demostró que es posible, que las aguas del Manzanares unen gracias a un mismo propósito, y que la Declaración Universal que defendemos en Naciones Unidas necesita también avances concretos en cada región del planeta. Lema de la campaña en España: «Sus Derechos, Nuestro Futuro».