El tercer paisaje, zona hostil para la biodiversidad

Crónicas sobre los talleres con Zass en Villaverde

Madrid despierta bajo un cielo despejado con un clima más propio de un verano norteño que al que se está acostumbrado en la capital. Octubre hace de las suyas y el calor se alarga. Buena noticia para esta mañana de sábado 8 de octubre en la entrada al Parque Plata y Castañar, pulmón del distrito de Villaverde. Las 10:00 de la mañana concentran a unos cuantos vecinos de los barrios colindantes y a un grupo de expertos para adentrarse en esta parte del declarado Patrimonio Verde de la ciudad. Madrugadores como la biodiversidad que se está a punto de apreciar en este taller de ciencia ciudadana organizado por ZASS bajo el proyecto de Encuentros en el Tercer Paisaje que se celebrará durante todos los fines de semana de este mes.

La actividad está a cargo de la Cooperativa Biodiversia. La acción deberá empezar cuanto antes, temprano, como la de las aves en las que se centrará este paseo. La bióloga Luisa Amo de Paz encabeza la excursión. El objetivo, uno muy parecido a uno de los trabajos e investigaciones en los que había participado. Comparar la riqueza y abundancia de los parques con respecto a los descampados del distrito madrileño de Villaverde. La investigación cuenta con 30 zonas de observación y los dos transectos o trayectos que se realizaron en cada una. La dedicación es importante, pero el tiempo apremia. Este 8 de octubre, los vecinos vivirán parte de esta experiencia con un ejemplo en el terreno. Dos transectos, uno en el parque Plata y Castañar y otro dentro del descampado que lo bordea, junto a la Autovía de Toledo.

El taller busca concienciar a la ciudadanía sobre por qué la fauna genera hábitats y su relación con la biodiversidad que se puede encontrar en ellos. Luisa Amo explica cómo se debe observar al inicio, a la mitad y al final del transecto para poder tener una muestra representativa de la vegetación y las aves dentro de la zona. Identificaremos la fauna asociada a espacios verdes con presencia de riego y aquella que prefiere hábitats con menos necesidades hídricas como los descampados.

La comparación no es muy favorable con el tercer paisaje. El parque estaba lleno de vida animal y vegetal. Tanto al inicio como al final del trayecto los datos apuntados por el grupo eran parecidos. Muy poco terreno asfaltado con un alto porcentaje de cobertura arbórea y arbustiva. Con riego presente en los tres puntos de estudio. Los aficionados que asistieron pudieron apreciar tanto riqueza, como abundancia. Los gorriones morunos y las tórtolas fueron los más comunes, pero multitud de cotorras, estorninos, palomas torcaces, abubillas y demás se acercaron con sus cantos a llamar la atención.

Contrasta con los datos recogidos en la zona contigua de descampado. Los verdes característicos del parque se sustituyen por todas las tonalidades posibles de amarillos y marrones más propios del tercer paisaje que se está intentando realzar en este proyecto. Propio es también de esos barrios de la periferia que nadie parece recordar, pero que concentran un gran potencial. Ya el riego es inexistente, con un suelo de cobertura del 100% de matorral.

Esto se refleja en la recolección de datos sobre las aves, que nada tiene que ver con el transecto anterior. Tanto al inicio, como a los 50 metros o a los 100, se hace imposible avistar algún tipo de biodiversidad animal. Lo más cerca que se está de tal cosa es el encuentro de los excursionistas con los cuerpos de varias tórtolas abandonados en el hostil suelo del descampado. Es probable que estos ataques se deban a la presencia de alguna colonia felina, peligrosas para el mantenimiento del resto de la diversidad animal en la ciudad. La protección desde la instituciones y las asociaciones animalistas a estas colonias callejeras pone en peligro a parte de la fauna de los parques urbanos, según indican los biólogos presentes. El control de estos grupos, la colocación de cajas nido y el mantenimiento de árboles antiguos pueden ser clave para revivir la biodiversidad en estas zonas. La cobertura de árboles y la presencia constante de zonas acuáticas o de riego hacen la diferencia. Las aves necesitan árboles donde posarse y agua de la que beber. El descampado se convierte así en zona hostil.

María López Tornero