Explorando la autoorganización

Por Carmen Haro
Explorando la autoorganización

Arts of the working class es una revista callejera berlinesa sobre pobreza y riqueza, arte y sociedad. Con contribuciones de artistas, pensadoras y pensadores de diferentes campos y en diferentes idiomas, se fundamenta en las experiencias de la clase trabajadora. Todas las personas que venden este street journal ganan dinero directamente, quedándose con el 100% de las ventas.

AWC es una publicación de Paul Sochacki y María Inés Plaza Lazo para las calles del mundo.

El artículo que reproducimos aquí fue escrito para esta revista por nuestra compañera Carmen Haro y publicado en el número 25.

A los dieciocho años me instalé en el escalón más bajo de la empresa privada. Allí estuve doce años hasta que me moví lateralmente hacia la estructura tiránica de la Academia. Con cuarenta y dos, estoy fuera. Han sido más de veinte años de búsqueda hacia una forma de organización donde sentirme libre, cuidada y coherente. Un reto significativo cuando quieres compaginar un trabajo digno con el activismo y la vida.  A lo largo de ese período de exploración, he tratado de aplicar los principios adheridos a los movimientos sociales a la práctica profesional y docente, desarrollando proyectos colaborativos en distintos organismos públicos. Descubrí que trasladar prácticas abiertas y en red a centros cerrados y verticales, confronta sus estructuras. Los espacios determinan en gran medida el carácter de las propuestas que acogen y, en muchos casos, reproducen dinámicas excluyentes. Hace un año un grupo de personas conectadas por esa búsqueda común pusimos en marcha Redes por el Clima, una red de laboratorios ciudadanos frente al cambio climático. Es una asociación que cuenta con financiación privada y pública pero autónoma, por lo que podemos experimentar nuevos modelos de autoorganización. Así, funcionamos en nodos operativos para distribuir la autoridad y que las acciones ganen autonomía en consonancia con la lógica de las redes.

Aplicamos también estas lógicas a nuestras comunicaciones, ya que no disponemos de una sede física. Y a nuestro trabajo, orientado a la creación colectiva y a poder replicarse, modificarse y redistribuirse. Como en las comunidades virtuales, nuestro modelo de organización es una estructura de sentido que confronta los códigos dominantes y que determina nuestra identidad colectiva. Una identidad en permanente proceso de negociación ya que somos un grupo de distintas nacionalidades, edades, géneros y trayectorias. Compartimos con los movimientos sociales el carácter híbrido de nuestras acciones porque gran parte de nuestra actividad organizativa se produce online pero trabajamos asentados firmemente en un territorio. Y nuestro mayor éxito hasta la fecha son las relaciones de confianza y afecto tejidas con las vecinas y vecinos que lo habitan. 
Carmen Haro es coordinadora en Redes por el clima y docente en la Universidad Rey Juan Carlos.