Cuando el río habla
Flor M. YustasTodas las fotografías son de Foto de IDC Studio, cedidas por Intermediae Matadero
Los movimientos sociales suelen nacer de un susurro. Alguien, tomando un café, le confiesa a una amiga su preocupación por un tema. Esa amiga, que también lo había pensado pero nunca lo había dicho en voz alta, se contagia de la inquietud. Al día siguiente, comparten la conversación en casa y en el trabajo, con más fuerza. Semanas después, una convocatoria a una asamblea llena una plaza: allí, descubren que no estaban solas, que muchas otras personas también soñaban con transformar esa preocupación en una acción colectiva.
Esto fue lo que ocurrió el pasado 5 de abril en la ruta que Carmen Haro y Josimar Castillo organizaron por el río Manzanares en el marco del BIOPHEST, el festival multidisciplinar en torno a la biofilia que se celebró en Intermediae-Matadero. El formulario de inscripción para el paseo Cuando el río habla no duró ni veinticuatro horas abierto debido a una avalancha de personas interesadas. Cuando llegó el día de encontrarnos, nos topamos con una actividad que estaba pensada para veinte personas y a la que de pronto acudieron casi cuarenta. Por supuesto, de allí no se echó a nadie ya que en los movimientos sociales cabemos todas, y mejor cuantas más seamos y más diversas, como fue el caso de esta acción ciudadana.
El recorrido, que duró una hora y media, fue impulsado por Carmen Haro (coordinadora de Redes por el clima) y comentado por Laura Milena Ramírez (investigadora posgraduada en innovación educativa para la acción climática en la Universidad Politécnica de Madrid), quien estuvo ofreciendo información científica sobre la fauna y la flora que rodea al río Manzanares.
El pistoletazo de salida se dio en Matadero con una pequeña introducción al significado y repercusión que tiene que un espacio natural posea personalidad jurídica. En 2022, una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) consiguió impulsar una ley que declaró la personalidad jurídica del Mar Menor y su cuenca, convirtiéndolo en el primer ecosistema en Europa con este reconocimiento. Desde entonces, el Mar Menor es reconocido como un sujeto de derechos, con capacidad para exigir protección, conservación, mantenimiento y restauración, y con potestad para realizar demandas por daños y defenderse en un juicio. Si una empresa puede, ¿por qué no podría un río? Bajo esta premisa, quisimos simular un juicio polifónico y poético donde les diferentes habitantes del río alzaron la voz a la par que descubríamos la historia y el contexto medioambiental del río.
A continuación nos acercamos al parque donde escuchamos un poema escrito para la ocasión por el decimero colombiano Carlos Rodríguez, antropólogo cultural y comunicador social que utiliza la décima cimarrona como instrumento para transmitir y difundir el costumbrismo de su contexto así como creencias, mitos y leyendas. La décima cimarrona es el despertar, la resistencia y la liberación en poesía de un pueblo: el pueblo negro del Pacífico colombiano. La décima de Carlos, leída por la médica de la naturaleza Laura Milena Ramírez, puso sobre la grama una cuestión fundamental: que el movimiento de los Derechos de la Naturaleza surge como mecanismo de protección y defensa de los territorios ancestrales y que nació, como no podía ser de otra forma, en comunidades donde el sujeto es agente de garantía del buen vivir del territorio. Es imprescindible que, cuando hablamos de acción climática en Europa, lo hagamos haciendo honor al legado y el ejemplo que día a día dan las comunidades del Sur global, donde sus líderes no pocas veces son asesinados por defender la preservación de los territorios que habitan.
Tras esta parada nos adentramos en una de las pasarelas escondidas que discurren en paralelo al río, buscando escuchar su voz, libre del murmullo humano. El Manzanares estaba bravo tras semanas de lluvias con un caudal desbordado que sepultaba las islas donde emergen sus bosques de ribera, regalándonos así un espectáculo muy parlanchín pero también insólito.
Después, hicimos un alto en el puente de las Constelaciones, obra de Daniel Canogar, sobrevolando el agua y siendo visibles ante la mirada curiosa de personas que pasaban por allí y que también se pararon a escucharnos.
En cada alto en el camino, además del contexto científico y la mirada activista, prestamos oído a los personajes clave: quienes habitan el río.
En cada alto en el camino, además del contexto científico y la mirada activista, prestamos oído a los personajes clave: quienes habitan el río. A través de textos en primera persona, escritos por Flor M. Yustas y leídos por varias asistentes, seres vegetales y animales tomaron la palabra en un juicio improvisado, compareciendo como parte afectada por los daños que sufre el río. Desde un tono reivindicativo pero cercano, la grama, las eneas, un castizo barbo, las carpas turbocapitalistas, una paloma bravía y una garza narraron sus propias historias: denuncias, sí, pero también cantos de gratitud por la fortuna de vivir en un paraje tan extraordinario, haciendo un llamado urgente a preservarlo.
En cada alto en el camino, además del contexto científico y la mirada activista, prestamos oído a los personajes clave: quienes habitan el río.
Algunas de las demandas compartidas fueron retirar las antiguas compuertas del río —que, aunque permanecen abiertas desde 2016, aún obstaculizan su fluir natural—, detener la instalación del alumbrado nocturno que despistaría a las aves y afectaría los procesos de fotosíntesis de las plantas y acabar con las talas y podas indiscriminadas. Más allá de acciones puntuales, el llamado fue claro: cuidar y amar a los seres que habitan este rincón de Madrid desde una mirada que sitúe a la naturaleza en el centro, alejándonos de lógicas antropocéntricas de uso y disfrute, para caminar juntes hacia una convivencia interespecie basada en el respeto y la preservación de la vida en todas sus formas.
Cerramos la ruta sentándonos en unos bancos situados en el camino asfaltado cercano a Matadero, donde varias vecinas humanas del río tomaron la palabra. Compartieron su consternación ante los ataques que, una y otra vez, recibe el río de parte de ciertos dirigentes políticos. También hablaron de la profunda transformación que este parque y el proceso de renaturalización del río han supuesto, no sólo para el paisaje de Madrid, sino para la calidad de vida de quienes la habitan.
Una vez escuchados los testimonios de todas las partes implicadas el rumor se volvió grito y, en un gesto colectivo, todes les asistentes leyeron en voz alta un compromiso inédito: la Declaración Universal de los Derechos del Río Manzanares. Después, une a une fueron dejando su firma, sembrando una semilla que quizás algún día haga brotar una iniciativa legislativa popular, dando lugar a una ley que otorgue personalidad jurídica al río que atraviesa Madrid. Un río que merece ser cuidado y respetado por políticos, agentes sociales y todas las personas que habitamos y paseamos esta villa.
Esperamos que esta acción sea sólo la primera de muchas y que se extienda la voz y en los pensamientos de muchas empiece a cuajar el deseo de luchar por que se le otorgue responsabilidad jurídica al río de Madrid. Si somos capaces de imaginarlo, seremos capaces de invocarlo hasta convertirlo en un hecho histórico que cambie el devenir del río para siempre.